“Hoy Tengo el Privilegio de Tener Voz”: Historia y lucha de Marcelina Bautista (4)

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Este post es para agradecerle a la incomparable Marcelina, pero también para que conozcan la historia que ella contó allá [en el evento Helene Gayle], que fue escuchada por el público en absoluto silencio. Un silencio de admiración, de sororidad y de respeto a la inmensidad de su historia.

La semana pasada estuve en Washington, donde pude ver y acompañar a la impresionante Marcelina Bautista recibir el premio Helen Gayle en la Universidad George Washington. En los días posteriores, tuve el privilegio también de pasar mucho tiempo con ella, hablando de las luchas, de la vida, de nuestras vidas. Y pudimos reírnos mucho, ¡muchísimo! y confirmar que el humor une, cura y ayuda con las largas jornadas de trabajo. Este post es para agradecerle a la incomparable Marcelina, pero también para que conozcan la historia que ella contó allá, que fue escuchada por el público en absoluto silencio. Un silencio de admiración, de sororidad y de respeto a la inmensidad de su historia.

 

Antes de comenzar quiero expresarles mi solidaridad con la lucha de las mujeres aquí en los Estados Unidos. Quiero decirles que su lucha es mi lucha, porque para avanzar en el combate a la desigualdad y violencia de género, es importante que nos reconozcamos entre nosotras mismas.

Soy Marcelina Bautista, la tercera de 12 hermanos. Estudié hasta la primaria, grado máximo de estudios en mi pueblo, a los 9 años mi padre me ofreció con una familia para que yo aprendiera el castellano porque en mi comunidad solo se hablaba el mixteco, fue muy difícil para mí combinar el trabajo y estudio pues realmente trabaje más que estudiar, con esta familia que me fui viví violencia física explotación laboral y acoso sexual, no me gustó y pedí a mi padre mi regreso a mi casa, así que no aprendí el español. Pero al terminar la primaria, a los 14 años volví a salir de mi casa, ahora para ayudar a mis padres con los gastos, por lo que de Oaxaca me fui a la ciudad de México, con casi nada de castellano, encontré mi primer empleo en casa de una familia. Fue entonces cuando, por primera vez me enfrenté al trabajo “del hogar” en este trabajo mi nombre era empleada “doméstica” “criada” “mi muchacha”, mi sirvienta.

Desde el principio supe que algo andaba mal. Me incomodaba la forma despectiva en que se referían a mí, la manera de tratarme bajo el constante recordatorio de la diferencia entre mis empleadores y yo. Era como si yo fuera de su propiedad: había que complacer a todo integrante de la familia en jornadas infinitas de trabajo y por un sueldo muy miserable. Y aunque tenía claro que nada era justo, siempre tuve miedo, porque no sabía cómo exigir lo que me correspondía. En cuanto aprendí el idioma español fue mi gran oportunidad, conocí a otras trabajadoras del hogar que estaban peor que yo, así me convencí de que mi inquietud de lo que era y significaba nuestro trabajo como trabajadoras del hogar. No había razón para desvalorizarse.

Comencé a rebelarme y a involucrar a otras compañeras y comenzamos el movimiento de trabajadoras del hogar en México. Hoy somos fuertes pero nuestras leyes son muy débiles, aun así, no nos detenemos porque nuestras historias de violencia en el trabajo son de todos los días. Hoy tenemos historias de trabajadoras del hogar con mucha violación a sus derechos humanos, solo por dar ejemplo de algunos, en la cárcel hay trabajadoras acusadas de robo injustamente, hay trabajadoras que sirvieron y cuidaron de sus empleadores toda su vida pero hoy son abandonadas por ellos, es muy normal para muchos empleadores ir a los pueblos y llevarse a las niñas engañando a los padres que les van a dar estudios pero las tienen explotadas en el trabajo, la discriminación es tan normalizada que para muchas es normal comer de las sobras o comida que ya no sirve.

En México no hay un registro del números de empleadores que contratan trabajadoras del hogar, un claro ejemplo revelador fue el sismo que sufrimos en septiembre, donde murieron también trabajadoras del hogar y sus empleadores se preocuparon más por sus muebles que de ellas. En México para nosotras no hay leyes y mañana la Corte sacará una resolución en contra de una trabajadora del hogar que exigió seguridad social, nosotras vivimos mucha discriminación, pero la mayor discriminación es la que recibimos por parte del Estado que no nos reconoce iguales ante la ley. Desde el año 2000 como Centro de Ayuda y Capacitación para Empleadas del Hogar (caceh), trabajábamos con compañeras, capacitándolas para tomen conciencia de lo importante que es su trabajo en la vida de otros, creamos el primer sindicato nacional de trabajadores y trabajadoras del hogar para empezar a formalizar nuestro trabajo por medio de un contrato, y nuestro sueño es crear la escuela de formación y capacitación para profesionalizar más nuestro trabajo.

En México somos 2.4 millones de personas trabajadoras del hogar y el 91 por ciento, somos mujeres, sin acceso a la seguridad social, ni a ningún otro derecho, 70% ganan lo equivalente a 10 dólares diarios y sin horario. Nuestras leyes son malas, pero nosotras seguiremos hasta que esto cambie como es el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (C189 - OIT) sobre el trabajo decente para las trabajadoras y trabajadores del hogar que debe ser ratificado en México para protegernos, lograr la seguridad social y mejora la ley federal del trabajo es nuestra agenda pendiente. Hoy tengo el privilegio de tener voz, que no lo tienen todas mis compañeras y por eso creo que tengo toda la responsabilidad de hacerlas escuchar y de decir que cuando cambia una cambian todas. Cuando encontramos que algo está mal y no nos gusta, debemos intentar cambiarlo desde nuestro lugar.

Muchas gracias.

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